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  Estudio analítico de las crisis económicas. -  EMPRESAS

INTRODUCCIÓN.-

Las crisis económicas, acaecidas durante los dos últimos siglos, han sido objeto de un minucioso análisis llevado a cabo por eximios economistas, que han cifrado sus estudios sobre este inquietante fenómeno, en una serie de circunstancias diversas, en ocasiones imprevisibles, endógenas unas y exógenas otras, que configuran la esencia y el origen de dichas crisis. Al objeto de analizar en forma comprensible, y por supuesto en un nivel mucho más modesto que el desarrollado por mis ilustres compañeros, el origen y la evolución de estas crisis económicas como las que hoy azotan a buena parte de la Unión Europea, con especial incidencia en nuestra Patria, he redactado las presentes líneas.

EL FENÓMENO ECONÓMICO DE LA CRISIS.- SUS ORÍGENES Y SUS ALEATORIAS CIRCUNSTANCIAS.-

Los núcleos de convivencia humana, desde que se inició la economía moderna, han tenido a menudo ocasión de comprobar que los negocios no progresan siempre del mismo modo, sino que se hallan expuestos a altas y bajas. Hay períodos en que todo marcha a la perfección: las ganancias resultan fáciles, la demanda goza de una gran viveza, el paro casi desaparece, los industriales renuevan sus instalaciones, la gente adquiere casas, terrenos o, sencillamente renueva el mobiliario de su vivienda, y a pesar de que todo el mundo gasta con cierta facilidad el ahorro no se resiente. A esta época, cual Arcadia feliz, sucede de manera invariable, temprano o tarde, otra que se caracteriza por sus elementos negativos: se consiguen beneficios con dificultad, el desempleo aumenta con rapidez inusitada, los consumos disminuyen, especialmente los de bienes duraderos (automóviles, frigoríficos, mobiliario y enseres, etc.), las inversiones y adquisiciones de viviendas declinan y el ahorro se topa con insalvables dificultades. Son los momentos más peculiares del Ciclo Económico: El boom o expansión y la depresión o recesión. Este momento económico, tanto bueno como malo, al que dan personalidad los elementos de expansión o recesión, recibe, en teoría económica, el nombre de Coyuntura. Hasta hace unos años se podía pensar, y muchos dignos economistas eran de tal opinión, que las leyes del ciclo económico eran fatales e indomables como las de la física. Nada de lo que intentase el hombre lograría impedir los efectos más dañinos. Se habló incluso de la influencia astral, relacionada con la actividad de las manchas solares. Atendiendo a la experiencia acumulada durante algo más de un siglo, se había llegado a la conclusión de que el promedio de duración de los períodos de expansión y recesión era de poco más de ocho años, y se aceptaba el dato como artículo de fe. Sin embargo, hoy día se sabe mucho mejor cómo se tienen que afrontar los peligros de una recesión y como combatirse. El ciclo económico mantiene sus fases, mas los períodos de depresión son limitados y sus efectos menos desastrosos que antaño.

Una explicación razonada y científica del ciclo económico es la que nos proporcionan los economistas estadounidenses de la generación siguiente al británico John Maynard Keynes (1883-1946), en particular Alvin Harvey Hansen (1887-1975). Para ellos, la fase de expansión de la economía se pone en movimiento a causa de importantes innovaciones técnicas, que fuerzan la “pereza” natural del empresario, el cual se siente tentado a colocar su dinero sólo en empresas tranquilas y seguras. En realidad hay que reconocer que la aparición de las vías férreas o la revolución de la automatización y de los aparatos electrónicos, supusieron un considerable aumento de las inversiones, incluso en medida superior a la propensión espontánea del empresario. La teoría concuerda punto por punto con la explicación precedente, puesto que reconoce en el empleo productivo de los capitales el resorte que pone en marcha el progreso económico.

Llegados a este punto, cabe preguntarnos ¿Qué puede hacerse para conjurar una crisis? Ante todo se debe seguir muy de cerca la evolución de la coyuntura. Los Órganos Gubernamentales han de estar en situación de conocer con la mayor oportunidad posible- no al cabo de meses o de años- ciertos datos fundamentales: el progreso de la producción industrial, los encargos de bienes duraderos, el estado de las provisiones, el proyecto de nuevas viviendas, los fondos útiles de las sociedades, la extensión del crédito bancario, las inversiones en nuevas fábricas, el índice de los precios al consumo (IPC), el porcentaje de desempleados, la marcha del comercio con el extranjero y el estado de las reservas monetarias. Todos estos antecedentes permiten trazar un cuadro suficientemente preciso de la situación económica de un país y, mediante técnicas especiales, proyectar los resultados al porvenir, a una distancia de meses o incluso años. Los errores en que pueda incurrirse no pueden ser achacables a la técnica, sino más bien a la dificultad de conseguir informaciones precisas y oportunas. Desde luego, cuando los datos empiezan a señalar una evolución menos favorable de la coyuntura, resulta muy prematuro intentar comprender si se trata de una recesión momentánea, destinada a ser reabsorbida y anulada en pocos meses, o si se ha llegado al principio de un largo período de decadencia. En espera de precisiones se pierde un tiempo inestimable, y ésta es la causa principal de que las fases recesivas del ciclo económico no hayan desaparecido por completo. Una vez comprobada la certeza y la gravedad de la situación, los organismos encargados de dirigir la economía pueden echar mano de remedios, que variarán conforme al género de la crisis con que se enfrentan.

Algunas medidas se han hecho clásicas, y las utilizan muy a menudo todos los Gobiernos, en particular el de los Estados Unidos, que, en este campo, interviene con una oportunidad difícilmente imitada por los europeos. Consiste, en primer término, en modificar las cargas fiscales conforme a las exigencias de la economía: los ciudadanos las soportarán mucho mejor en las fases de expansión que en los períodos de depresión. (En España se ha optado justamente por lo contrario, en plena crisis económica como la que nos encontramos, con una tasa de desempleados que ya alcanza los cuatro millones seiscientos mil, el Gobierno ha decretado la subida de dos puntos porcentuales del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), a partir del día 1º del próximo mes de Julio del presente año 2010). Además la reducción de tributos al comienzo de una etapa de recesión permite introducir mayor cantidad de dinero en el mercado de consumos, con consecuencias tonificantes para toda la economía. Análogos resultados se podrá obtener con una política bancaria apropiada, pues el crédito fácil (por supuesto con garantías de devolución a la entidad crediticia) en los instantes dificultosos ayudará a la renovación y la “estrechez crediticia” en los tiempos de auge conseguirá calmar la excesiva tensión. Para combatir la depresión, debido a la falta de inversiones privadas, el Estado tendrá que suplir con sus propios medios, la función que los particulares (léase los empresarios) no quieren o no pueden cumplir. ( Por ejemplo : El PLAN “E”, de reconstrucción y mejoramiento de vías urbanas del año 2009, y el de Restauración y acondicionamientos de viviendas y locales comerciales, para el presente 2010; el “Plan de Reactivación de la Industria automovilística”, para la adquisición de vehículos automóviles de baja cilindrada o los Préstamos a intereses reducidos para jóvenes que deseen adquirir su primera vivienda, etc.).

CONCLUSIÓN.-

De cuanto se ha dicho hasta aquí puede extraerse otra enseñanza. Las crisis económicas actuales, o mejor, las fases de recesión, nacen paradójicamente de un exceso de expansión. La economía “recalentada” encierra los gérmenes de la enfermedad siguiente: salarios elevados, consumos exagerados y gastos por encima de la capacidad económica del que los genera, son tan peligrosos como las carestías o los conflictos bélicos, que en tiempos pretéritos, eran las causas principales de las crisis. Lo que hoy día garantiza un desarrollo económico ordenado es, como he venido declarando anteriormente, el crecimiento armónico de todos los factores y fuerzas que actúan en la economía. El desarrollo anárquico, incontenible, de un solo factor no aporta más que consecuencias negativas.


Por lo que a España respecta- que en puridad es lo que a nosotros más nos interesa-, y respecto a la crisis económica que padecemos, la verdad es que , en las fechas que redacto las presentes líneas, (primeros días de Mayo de este año 2010) no estamos como para “tirar cohetes”. Pues todavía, en el tiempo presente y aún en el tiempo por venir más próximo, seguiremos teniendo pendiente el temido “factor de incertidumbre” generado en torno a los efectos que la retirada de parte de las ayudas públicas pueda tener sobre la incipiente recuperación, así como la negativa incidencia que pueda traer consigo la próxima subida del IVA, o el mayor déficit público. En cuanto al Producto Interior Bruto (PIB), parece que al final del presente año 2010, se van apreciar reflejos patentes de una leve subida interanual en la producción. Y eso, en principio, puede constituir un elemento positivo en aras a una más pronta y sólida recuperación. Por el contrario, y respecto al mercado laboral, no dejan de cernirse sobre el mismo inquietantes y amenazadoras sombras peligrosas. Con un promedio cercano a los cinco millones de desempleados al final de este año, si Dios y nuestro Gobierno no lo remedia, tendremos que esperar a los inicios del próximo 2011, para constatar un ligero aumento en la ocupación que haga bajar las tasas del desempleo hasta una minoración a todas luces apropiada y sostenible. En cuanto a la “Construcción” ha sido, sin lugar a dudas, la más afectada por la recesión, aunque parece haberse observado últimamente un aumento moderado de activación en dicho importante sector, que nos anima a pensar en positivo.


Y Concluimos: España es una hermosa y gran nación, asentada sobre pilares milenarios, que no puede venirse abajo a resultas de una crisis económica, por muy larga e importante que esta sea. Y aunque las perspectivas económicas actuales sieguen siendo sombrías debemos de tener confianza. Para ello, hoy más que nunca, en que las circunstancias económicas no son nada halagüeñas (El Instituto Nacional de Estadística (INE), nos acaba de notificar la grave noticia de haberse alcanzado el temido 20 por ciento en el índice acumulativo de desempleo), el Gobierno, sin demora, debe presentar un “Plan de Austeridad y Contención del Gasto Público”, creíble por los ciudadanos, que les infunda seguridad y confianza. Un Plan, que intente contener los altos niveles de endeudamiento que está alcanzando la emisión de Deuda Pública en nuestra Patria.(1) Un Plan que aporte ideas al intento de reducir el excesivo déficit público(2) que en estos momentos soportamos. Un Plan para sacar a España de la crisis y que a su vez genere en los mercados internacionales la confianza de que nuestra recuperación económica y la reducción del déficit son viables. Un Plan que trate de potenciar la recuperación del tejido productivo, factor éste imprescindible en la tan, absolutamente necesaria, creación de empleo. Un Plan, en suma, que tienda a la rehabilitación de nuestra capacidad productiva y empresarial. En esa confianza y con esa ilusión he redactado las líneas precedentes.


NOTAS

1. Una vez redactado el presente artículo, me llega la noticia a través de los distintos medios de información, que la importante Agencia Internacional de Calificaciones “Standard & Poor’s” ( S&P), ha rebajado la nota en la calificación del “rating” de la Deuda Pública del Reino de España a largo plazo, lo que lleva implícito un mayor riesgo de impagos por parte del Estado.

2. Entidades de tan alto prestigio económico-financiero como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), le acaban de dar a España un serio aviso en orden a la urgente necesidad de recortar el déficit.




Fuente:
Francisco Ángel Cañete Paez




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