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Líos de faldas en la empresa familiar. - DETECTIVES PRIVADOS
David Álvarez Díez es un entrañable abuelete de 83 años –los cumplirá el 2 de marzo– que se ha visto obligado a poner firmes a sus hijos. Tiene todo el derecho, porque es él quien hace casi 50 años fundó Eulen y a base de mucho esfuerzo y sacrificio (“he trabajado toda mi vida 19 horas diarias”) la ha convertido en la empresa líder en servicios con 90.000 trabajadores y presencia en una quincena de países. Sus descastados vástagos le han aconsejado que se retire, que se dedique a pasear con sus 14 nietos y que, por supuesto, les deje a ellos las manos libres para gestionar la empresa.
El patriarca, que mantiene una lucidez envidiable para su edad, se muestra implacable. “Me iré cuando yo quiera, no cuando vosotros me digáis; os ciega la soberbia y la ambición por tener todo el poder, y si os dejo solos vais a pelear entre vosotros y terminaréis destrozando la empresa”.
A don David –que es como le llaman sus colaboradores más fieles– no le falta razón, porque sus siete hijos están enfrentados. Dos de ellos –Jesús David y María José– apoyan al padre y otros cinco están en contra, entre los que figuran Juan Carlos, consejero de BBVA, y Pablo, el impulsor de las bodegas Vega Sicilia.
¿Tan ebrios de poder están sus hijos como para amargar al padre los últimos años de su vida? ¿Lo hacen sólo por soberbia y ambición? Por supuesto que hay algo más. Porque resulta que el bueno de don David se nos ha enamorado, y en septiembre pasado se casó con su secretaria, que tiene 45 años, 38 menos que él. Es su tercer matrimonio, ya que sus dos anteriores mujeres murieron.
A don David le sobra energía y no quiere pasar los últimos años de su vida en soledad. A sus hijos –todos fruto de su primer matrimonio con María Mezquíriz– no les ha gustado nada este nuevo devaneo del abuelo porque temen que, cuando el patriarca fallezca, una advenediza pueda llevarse parte del pastel empresarial al que ellos han dedicado tantos esfuerzos en los últimos años.
Esto del enamoramiento en la vejez cuando hay millonarias herencias de por medio está provocando grandes refriegas familiares. Los hijos de la duquesa de Alba, por ejemplo, están tan enfadados con su madre que incluso la han llegado a amenazar con incapacitarla, según cuentan los periodistas cirujanos del corazón. Doña Cayetana ha estado a punto de volverse a casar por tercera vez con Alfonso Díez, un funcionario de 56 años, 25 menos que ella. A la duquesa no le gusta la soledad y se pierde cuando su querido Alfonso la llama en la intimidad “mi princesa” y “mi porcelana”.
Quien sí ha llegado a los tribunales es Françoise Bettencourt, que intentó que un juez declarara demente a su madre Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia y principal accionista del imperio cosmético L’Oréal. Françoise trata de impedir que su madre, de 86 años, siga siendo tan generosa con su nuevo amor, un fotógrafo 25 años menor que ella.
La abuelita Liliane ha pagado los cariños de su fotógrafo particular con regalos por valor de mil millones de euros, una minucia si consideramos que su fortuna está valorada en 25.000 millones. A estas alturas de su vida –como también les ocurre a don David y a doña Cayetana–, el corazón le sigue latiendo como siempre y permanece intacto el derecho a la compañía, al placer y a la ternura.
La culpa de todo es de Cupido, que no tiene ningún cuidado cuando lanza sus flechas del amor. Y en algunos casos se pasa. A Iris Robinson –esposa del primer ministro norirlandés– le tocó la flecha familiar porque se enamoró de Kirk McCambley, un joven de 19 años, en el entierro del padre de Kirk, con el que también había tenido un affaire. A Berlusconi le cayó una ráfaga de dardos y el pobre no tuvo más remedio que montar un harén en su mansión de la isla de Cerdeña. Y qué me dicen del superman Tiger Woods, cuyos devaneos amorosos han dado lugar a un lucrativo negocio, como el videojuego Tiger’s Transgressions, que consiste en cazar a las amantes del golfista –no va con segundas– antes de que desvelen sus intimidades a la prensa.
Fuente:
Expansión
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